Trujillo en Línea.- El desierto de Sacaco, ubicado en el norte de la región Arequipa, entrega un nuevo tesoro que no hace más que ratificar el potencial de este yacimiento paleontológico. Se trata de fósiles excepcionalmente preservados de lobos marinos que habitaron las costas del Perú durante el Plio-Pleistoceno, entre 2.7 y 1.4 millones de años, y que corresponden a una nueva especie del hemisferio sur identificada para la ciencia. Vea aquí la galería fotográfica
“Este es, sin duda, el registro fósil de lobos marinos mejor preservado y más completo que se ha encontrado en todo el hemisferio sur hasta la fecha”, asegura Rodolfo Salas-Gismondi, paleontólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), y líder del equipo de investigación.
La nueva especie, bautizada como Otaria josefinae, en homenaje a Josefina Rojas, la incansable protectora de Sacaco, representa un eslabón crucial para entender cómo los lobos marinos (grupo Otariidae) colonizaron y se diversificaron en el hemisferio sur.
Se determinó, además, que Otaria josefinae es una especie hermana del lobo marino chusco actual (Otaria byronia), lo que representa una novedad sobre la historia evolutiva de estos mamíferos marinos.
“Antes de este hallazgo, conocíamos muy poco sobre el pasado de los lobos marinos del sur. Solo había dos especies fósiles descritas en todo el hemisferio, y el registro de Otaria se limitaba a fragmentos del Pleistoceno tardío, hace 100,000 años. Estos fósiles excepcionalmente preservados cambian el panorama por completo”, señala Leonardo Hostos-Olivera, paleontólogo de la UPCH y la UNMSM, y autor principal del estudio publicado en la prestigiosa revista Zoological Journal of the Linnean Society.
¿Qué se halló?
Pero de qué se trata concretamente el descubrimiento. El material fósil incluye cuatro cráneos y mandíbulas de machos adultos, además de elementos poscraneales como fémur, astrágalo y vértebras; forman parte de la colección del Laboratorio de Paleontología y Evolución de Vertebrados de la UPCH.
Fue descubierto por miembros del Departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo de Historia Natural de la UNMSM y estudiado por un equipo multidisciplinario de investigadores de la UPCH y la Decana de América, que certificó que se trata de una nueva especie de lobo marino para la ciencia.
Dos emblemas
La investigación es parte del proyecto “Historias de morsas y cocodrilos: reconstruyendo el camino hacia la diversidad del mar peruano”, financiada por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec), a través del proyecto ProCiencia.
“En 2024 trabajamos en Sacaco (Arequipa) y en Ocucaje (Ica); el primer estudio fue liderado por Camila Zamora-Vega sobre el nuevo cocodrilo del Mioceno, Piscogavialis laberintoensis; y el siguiente, este de los lobos marinos de Leonardo Hostos-Olivera”, detalla a la Agencia Andina.
“Eran los dos emblemas del proyecto: los cocodrilos nos contaban la historia de la etapa cálida del proto-Humboldt y los lobos marinos, la historia más moderna cuando las costas empiezan a cambiar; esa era nuestra hipótesis. Pensamos que si encontrábamos restos fósiles de algún lobo marino emparentado con el lobo marino chusco —el más común de la costa peruana—, probablemente estemos ante el origen del sistema de Humboldt, tal como lo conocemos ahora”, argumenta.
Los científicos estaban convencidos de que si se quiere entender cómo se originan los ecosistemas actuales, se debe estudiar épocas un poco más recientes; por ello, fue muy interesante lo que arrojó el estudio: el nuevo lobo marino está emparentado con el lobo marino chusco.
“Y eso nos da una pista de que el linaje del lobo marino chusco tiene por lo menos 2.6 millones de años aproximadamente en la costa peruana. Es decir, hace 2.6 millones de años las costas empezaron a cambiar, ya estaba casi consolidado el sistema de Humboldt”, refiere Salas-Gismondi.
El contexto geológico
Los fósiles de Otaria josefinae provienen de las formaciones Caracoles y Pongo, unidades sedimentarias del Plio-Pleistoceno que afloran en el área de Sacaco, en el distrito de Bella Unión, provincia arequipeña de Caravelí.
El holotipo y paratipos fueron colectados de la Formación Pongo (Unidad 2), datada en aproximadamente 1.6 millones de años, mientras que un espécimen adicional proviene de los niveles superiores de la Formación Caracoles (alrededor de 2 millones de años).
“La costa sur del Perú, y en especial el área de Sacaco, es un lugar extraordinario. No existe otro sitio que documente de manera tan completa la evolución de los ecosistemas marino-costeros del Pacífico sudeste durante los últimos 10 millones de años”, afirma Diana Ochoa, geóloga de la UPCH y la Universidad de Salamanca, y coautora del estudio.
“Sacaco es un lugar increíble. Primero está la Formación Pisco y luego las formaciones Caracoles y Pongo, a la que corresponden los lobos marinos que son más recientes; luego se acabó la influencia marina y el mar retrocedió, pero no se acabaron los fósiles”, sostiene Salas-Gismondi.
En el lugar, continúa, se instaló un humedal o pantano (similar a los Pantanos de Villa, en Lima) y ahí empezaron a vivir megaterios, mastodontes, camélidos, caballos, y también se preservaron como fósiles. “Es increíble que en un solo sitio se preserven fósiles excelentes que corresponden a diferentes épocas”, remarca.
La evolución de los lobos marinos del sur
El análisis filogenético revela sorpresas significativas sobre la historia evolutiva de estos mamíferos marinos. Otaria josefinae se posiciona como la especie hermana del lobo marino chusco actual (Otaria byronia), y junto con la especie extinta Hydrarctos lomasiensis —también del Perú— conforman un grupo monofilético que los autores denominan Australotariia.
“Australotariia es el nombre que proponemos para designar al clado —grupo evolutivo que abarca un antepasado común y a sus descendientes (vivos y extintos)— que incluye a los lobos marinos del hemisferio sur”, anota Pedro Romero, biólogo evolutivo de la UNMSM y coautor del estudio.
Refiere que “este grupo se originó hace aproximadamente 4 millones de años cuando los lobos marinos migraron desde el hemisferio norte y colonizaron los productivos ecosistemas marinos del sur”.
El estudio estima que la divergencia entre los lobos marinos del norte y del sur ocurrió hace unos 4.8 millones de años durante el Plioceno temprano, periodo que coincide con importantes cambios climáticos globales.
Una transición ecológica en el Pacífico sudeste
El registro fósil de la cuenca Pisco documenta una notable transición en la comunidad de pinnípedos del Pacífico sudeste. Durante el Mioceno tardío (hace 10-5 millones de años), las focas (grupo Phocidae) dominaban estos ecosistemas, con múltiples representantes como Acrophoca, Piscophoca, Hadrokirus y Australophoca. Sin
embargo, estas focas desaparecieron del registro local y fueron reemplazadas por los lobos marinos en el Plio-Pleistoceno.
“Los fósiles peruanos ilustran un patrón que se observa a lo largo del hemisferio sur: los lobos marinos colonizaron los productivos ecosistemas de afloramiento costero y desplazaron a las focas como pinnípedos dominantes. Este reemplazo ecológico coincidió con importantes cambios climáticos y oceanográficos entre el Mioceno y el Plioceno, incluyendo el inicio de la glaciación del hemisferio norte, el cierre del istmo de Panamá y el establecimiento de la corriente de Humboldt moderna”, indica Matthieu Carré, paleoclimatólogo de la UPCH y la Sorbonne Université, y coautor del estudio.
Cambio anatómico gradual
La nueva especie de lobo marino era de tamaño mediano. Según cálculos, habría medido unos 2.3 metros de longitud, mientras que el lobo marino chusco actual, de 2.6 a 2.7 m, es decir, un 30 % más grande.
“Hay una trayectoria hacia ese tamaño mayor”, sostiene Hostos-Olivera a la Agencia Andina tras precisar que el peso no se ha podido estimar, porque no se tienen las ecuaciones necesarias.
Comparado con el lobo marino chusco actual, Otaria josefinae presenta características intermedias que revelan un cambio gradual en la anatomía.
“El paladar de O. josefinae es moderadamente arqueado y alargado, mientras que en O. byronia es extremadamente profundo y el más largo de todas las especies de lobos marinos. Esta característica única del lobo marino chusco actual parece haber evolucionado de manera gradual desde sus ancestros del Pleistoceno”, explica Hostos-Olivera.
El tamaño corporal y el dimorfismo sexual también muestran una tendencia evolutiva: el cráneo de O. byronia es, en promedio, un 30 % más grande que el de O. josefinae, y además presenta crestas y protuberancias mucho más pronunciadas, señales de un dimorfismo sexual extremo.
“La evolución morfológica de Otaria siguió una trayectoria clara hacia el gran tamaño corporal y el elevado dimorfismo sexual que caracteriza hoy al lobo marino chusco”, añade Salas-Gismondi.
Ambas especies comparten características diagnósticas únicas de Otaria, como un margen orbital anterior en forma de placa y la abertura posterior del Otaria josefinae tiene una particularidad, que es una ornamentación compleja en la región del timpánico (oído): dos protuberancias separadas por un espacio.
“Es algo muy raro, una característica única de la especie que nunca ha sido descrita; no hemos encontrado una función específica”, aclara.
Implicaciones para la conservación
Comprender la historia evolutiva de los lobos marinos sudamericanos tiene implicaciones directas para su conservación y la del ecosistema que habitan. El lobo marino chusco, O. byronia, enfrenta amenazas como el cambio climático en los ambientes marino-costeros del sistema de la corriente de Humboldt.
“Conocer cómo respondieron estos animales a cambios ambientales en el pasado nos ayuda a predecir cómo podrían responder en el futuro. Los fósiles nos enseñan que Otaria ha persistido en el Pacífico sudeste por millones de años, adaptándose a condiciones cambiantes”, afirma Hostos-Olivera.
El investigador comenta que es “un amante de los carnívoros semiacuáticos y empezó estudiando nutrias. Luego migró a los pinnípedos y conforme me fui adentrando en la historia evolutiva de estos animales me interesó mucho más porque realmente hay muchos vacíos”.
“A cualquier investigador o futuro investigador le interesa que haya muchos vacíos por resolver" y dice que tiene “un interés muy grande en poder utilizar la información del pasado para entender el presente y, de alguna manera, predecir el futuro. Me interesa mucho esa aproximación de la paleontología que intenta vincularse a la conservación. Y encontré en los lobos marinos unos especímenes de estudio importantísimos”.
¿Por qué Otaria josefinae?
Hostos-Olivera explica que surgieron varias opciones de nombre para la nueva especie, pero se preguntaron si se le había rendido homenaje a Josefina Rojas —quien ha dedicado más de cuatro décadas a la protección del desierto de Sacaco— con algún fósil como sucede con varios personajes que han intervenido en la paleontología peruana.
Los investigadores coincidieron en que esta era la oportunidad, “primero porque todos estos fósiles son de Sacaco y Josefina es emblema de Sacaco y segundo porque no había ningún fósil en su nombre”, argumenta.
“Hay que rendirle el homenaje que se merece por esos más de 40 años viviendo en el desierto, protegiendo el patrimonio paleontológico y, además, demostrar que la ciencia no solo se construye con los científicos, sino que también hay muchas otras personas involucradas que son vitales para estos descubrimientos y, en este caso, Josefina es un reflejo de ello”, asevera a la Agencia Andina.
“Josefina se convirtió en la protectora de Sacaco. Sin su labor desinteresada, muchos de estos fósiles se habrían perdido para siempre. Este nombre es nuestro reconocimiento a su invaluable contribución a la paleontología peruana”, remarcó (Por Por Jessica Olaechea Tejada – Andina)
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